El Gran Toubkal, en el exótico cordón montañoso de África del Norte.

Nadie queda indiferente cuando escucha hablar de las montañas Marroquí, en mi mente no imaginaba como sería aquel lugar insertado en una cultura tan maravillosa como son los ancestrales pueblos bereberes. Lo cierto es que tan solo llegar a Marruecos ya causa sensaciones de aventura y gran expectativa. Esto porque llegamos a un país con fuertes tradiciones, bastante bullicioso, conocido por su comercio, mezquitas y antiguas medinas. Aquí, sin darnos cuentas nos veremos envueltos en el mundo de los zocos, las babuchas y las chilabas, sintiendo los ritmos árabes, los olores y sabores de las especias o bien seducidos con aquellos encantadores de serpientes que nos dejan alucinando y sin palabras. Uno realmente se hipnotiza en este lugar.
En esta parte del mundo existen cuatro cordilleras: el Rif, el Atlas Medio, el Gran Atlas y el Antiatlas. Maravillosas montañas de diferente complejidad técnica, que nos abren oportunidad para realizar variados trekking entregándonos una gran belleza por descubrir.
El Gran Atlas está situado en la parte occidental del Atlas Marroquí, cordillera formada en la era terciaria por la colisión de las placas euroasiática y africana, situada entre el Océano Atlántico y el desierto del Sahara.  Dentro de sus picos hay uno bastante popular y apetecido para muchos que llegan a este lugar, hablamos del Jbel Toubkal ubicado en el Parque Nacional Toubkal  que se extiende entre los valles de N´Fiss (O) y Ourika (E). Es un macizo que con sus 4167m de altitud posee el honor de ser la montaña más alta del Norte de África, una montaña que desde su punto más alto se puede apreciar hacia el sur el desierto del Sahara en todo su esplendor perdido en el lejano horizonte.

Para comenzar en esta aventura del Gran Toubkal (o tubqal) me trasladé hasta el pueblo de Imlil a 67 km al sureste de Marrakech, ubicado en el corazón del alto Atlas a 1750m de altitud, este es un pequeño poblado rodeado de nogales y manzanos, lugar donde fácilmente se puede encontrar algún hospedaje y comida a precios muy económicos, prácticamente es  una calle de comercio donde hay alguna rotisería, venta de artesanías y algún arriendo de equipo de montaña (equipos antiguos tipo años 90), también aquí encontramos bastantes alternativas de porteadores ofreciendo sus mulas a todo extranjero que intenta ingresar a la montaña.

Desde este poblado de Imlil comienza el ascenso, y para ello debemos tomar  la ruta que avanza por el valle de Mizane aprox. 15 kms. A medida que avanzamos en el trekking  vamos sintiendo el fuerte aroma de los arbustos de enebro; aparecen ante nosotros uno que otro refugio de pastores, y pasamos por aquellas aldeas que se aferran imposiblemente a las terrazas que cuelgan de vertiginosos acantilados. Son  las aldeas de Aremd y Marabout Sidi Chamharouch o “Sultan del Diablo” (2310m), este último un lugar fácilmente reconocible por una gran piedra blanca (piedra sagrada y vedada para los no musulmanes),  donde además hay un templo Musulmán y dicen que hay un curandero que sana las mentes locas por lo que es costumbre que lleguen peregrinos hasta este lugar en busca de sanación.
Durante el trayecto nos encontramos con muchos “vendedoress ambulantes” ofreciendo agua, jugo y naranjas, lo que nos da la oportunidad para hacer un alto en el camino y descansar. 

Desde aquí (piedra blanca) la ruta sigue el cauce del río siempre a nuestra izquierda y a medida que nos adentramos en el valle las montañas antes distantes ahora se elevan inspiradas sobre nosotros. Llegamos a los refugios Toubkal (llamado también Luis Neltner cuando fue construido por el Club Alpino Francés – CAF) y Les Mouflons ubicados a 3207m, por una ruta bien marcada, suave en pendiente pero en la época de invierno dado la cantidad y calidad de la nieve es recomendable progresar en esquí randonne o con raquetas. Una vez en el refugio nos vemos rodeados de majestuosos riscos nevados aparentemente al alcance de la mano pidiendo nuestro ascenso. En este lugar se vive un ambiente muy alpino, repleto de aventureros con las mismas ganas de experimentar las fuertes sensaciones que  transmite el montañismo.

Me hospedé en el refugio CAF siendo este un lugar muy cómodo, la reserva se puede realizar vía web  http://www.refugedutoubkal.com/en/contact.php y cuenta con servicios de literas, ducha, baño y restaurant. Además, hay zonas de living y comedores para compartir con los distintos alpinistas del mundo que convergen en este lugar, es un espacio muy agradable con varias chimeneas que le da un toque mucho más romántico para compartir  un rico té de menta con los guías locales que se acercan amigablemente a enseñarnos alguna que otra palabra bereber. Aquí, también sentiremos los sonidos de las mezquitas en los momentos de oración, y veremos en cualquier rincón algún guía musulmán sacar su alfombra para en ese instante comenzar a orar y dedicar pensamiento, cuerpo y alma a Alá. El ascenso hacia el Toubkal por la ruta normal (ikhibi sur) no tiene una gran dificultad técnica, aprox. 5 hrs. separan la cima del refugio. Todos quienes teníamos intención de cumbre aquel día salimos pasados las 06:00 am, pero un problema con mis crampones me hizo devolver para su arreglo, finalmente estaba saliendo de aquí a las 08:00 am (uff bien tarde para ser invierno). A poco avanzar se debe cruzar un pequeño  arroyo, para enseguida comenzar el ascenso con una fuerte pendiente de aprox.200mts, luego de esto se entra en un canalón mucho más suave. Por su ubicación y latitud 31° al N del continente se está muy expuesto a los frentes del Atlántico (Marruecos) y del Mediterráneo (Argelia y Túnez), en invierno es una montaña alpina, fría y donde son frecuentes las grandes nevadas por lo que requiere el uso de equipo técnico, existiendo zonas de sombra con mucho hielo.  Además,  el riesgo de avalanchas después de estas nevadas existe como en cualquier otra montaña. La ascensión en esta época del año tiene las características propias de cualquier ascensión en alta montaña, lo cual la diferencia de la ascensión en otra época del año.

En este trayecto es común ver guías locales ascendiendo con grandes turbantes que te hacen reflexionar quizás sobre la seguridad versus el arraigo cultural. Al lado de las grandes rocas te encuentras con alguno que otro guía o montañista descansando o protegiéndose del viento, oportunidad para intercambiar frutos secos y alguna palabra de aliento.

Al llegar al collado que separa las cimas  Jbel Toubkal (4.167 m) del Toubkal Oeste (4.030 m) el viento sopla con fuerte con ráfagas, desde acá ya podemos visualizar a lo lejos la cumbre.  Aquí, a nuestros pies cae una quebrada en vertical de casi 700 metros llamada Couloir de Mort. Seguimos avanzando y luego tras alguna falsa cumbre nos vemos parados en el borde del Atlas, una última subida.. fría y rocosa para luego tener en nuestro frente el triángulo de metal, simple, desnudo, austero: con alguna bandera ondeada por la brisa. Estamos en la cumbre, son las 12:30 pm. Un momento raro de belleza pura. Un momento para elevar el espíritu por encima de la rutina diaria. Un momento para saborear, para creer, para regocijarse. Un momento hermoso e inspirador. El Alto Atlas había liberado nuestras almas para invitarnos a soñar.  

Ya descansados luego de haber admirado nuestro alrededor nos disponemos al descenso, aquí no hay mayores complejidades que la precaución para evitar caídas. El Toubkal no está lejano a los accidentes, cada temporada alguien ha quedado en la montaña. El alpinismo es una experiencia liberadora y maravillosa, pero también  riesgosa.
Una vez de regreso al refugio lo más frecuente es quedarse a dormir en este lugar tras el día de cumbre,  para  al día siguiente regresar a Imlil o bien intentar alguna otra cima. En mi caso y por un tema de tiempo realicé el descenso hasta la ciudad de Marrakech,  descendiendo desde la cumbre al refugio (lugar al que pasé a comer y descansar un rato), luego refugio a Imlil – en Imlil me esperaba el vehículo que había coordinado previamente y que me llevó a la locura de la ciudad roja de Marrakech.